Experiencias del Camino 2016… Carmen María

Carmen María, a la derecha, junto con otros peregrinos en una parada durante la jornada.

Carmen María, a la derecha, junto con otros peregrinos en una parada durante la jornada.

    Como ya sabéis, estamos en plena preparación del Camino de Santiago de la Diócesis de Ciudad Real del próximo verano. Y no hay mejor forma de daros a conocer lo que es la peregrinación que ofrecemos, que a través de la experiencia de Carmen María. Esperamos que con sus palabras que ha querido compartir con todos nosotros, terminéis de dar el primer paso y os apuntéis a la peregrinación.

    En estas fechas hace un año que tomé una de las que sin duda, serán de esas decisiones que marcan la vida: peregrinar a Santiago de Compostela.

    Muchas habían sido las ocasiones en las que esta idea había pasado por mi mente, pero nunca encontraba el momento ni mucho menos la motivación. Sin embargo 2016 fue un año que a día de hoy reconozco, estuvo lleno de señales, y una llamada misteriosa me llevó a asumir con determinación que aquel era el momento. Caminar significa seguir una ruta señalizada y perfectamente trazada en la que es difícil perderse. Se trata de algo tan sencillo como seguir flechas amarillas. En otras palabras, se trata de dejarse llevar. Y fue lo que hice. “Hay muchas formas de hacer el camino, ésta es la nuestra” y esa fue la que elegí, el Camino de la Diócesis de Ciudad Real.

En el alojamiento, preparados para comer.

En el alojamiento, preparados para comer.

    Los días previos fueron una preparación a lo desconocido. Una mochila que debía cargar todo el día y que debía aligerar, no podía prever todas las contingencias, tendría que fiarme de poder encontrar ayuda o solución en el Camino, en los demás. Viajar con un poco menos de seguridad me hacía sentir más frágil, pero también más auténtica.

    A medida que pasaban las etapas llegó un momento en el que me acabé acostumbrando a la incomodidad y al riesgo, incluso al dolor, y acabé descubriendo que esa simplicidad es en realidad bella.

Caminando entre los bosques de eucaliptos

Caminando entre los bosques de eucaliptos

    Entre los muchos encantos de la peregrinación diocesana, se encuentra el contacto con otras personas al caminar en grupo. Personas diferentes, con sus vidas, sus historias, sus manías, sus propios miedos, sus limitaciones… La peregrinación hace que las relaciones sean mucho más sencillas, más horizontales, espontáneas, gratuitas y fraternas, en la que los valores de solidaridad y compañerismo predominan. Descubrir al otro, con su intimidad, logrando vencer los prejuicios y acercarnos a él es también un acto enriquecedor que me ha ofrecido el Camino. Cada uno de mis compañeros me ha aportado una enseñanza que siempre llevaré conmigo y, como no, las lecciones del equipo de intendencia, todo perfectamente planificado y diseñado para hacer fácil las complicaciones.

    Caminar no es fácil, es una parábola de la vida que nos pone solos ante una meta, paso tras paso, soy alguien, soy yo: un ser humano, con toda su pequeñez y toda su grandeza. El Camino tiene sentido y da sentido pero es una búsqueda fundamentalmente personal que se va descubriendo, es una realidad que se va imponiendo por sí misma, que empieza como una intuición y llega a hacerse evidente. Para este proceso de interiorización es preciso el silencio. Si algo tiene esta forma de hacer el Camino es el silencio de cada mañana, algo que yo no estaba acostumbrada a disfrutar. Silencio para sentirnos a nosotros mismos, para fijar la atención en cada parte de nuestra vida, y en las cosas que nos rodean. Para descubrir lo que estamos sintiendo y viviendo. Para enfrentarnos a los propios demonios cotidianos. Es el lugar de mirarles cara a cara y afrontarlos con paciencia. Igual que los kilómetros, los demonios que parecen inmensos se vencen con perseverancia y en pequeños pasos. Las tentaciones aparecen de mil modos. Puede ser la tentación de que nos lleven la mochila, ir en la furgoneta a la próxima parada o no compartir la colchoneta de esa noche. Y por supuesto la tentación de abandonar. Con perseverancia las superé todas y cuando estaba postrada delante del Apóstol sólo di gracias por ponerme en Camino y pedí fuerza para continuar en él.

Peregrinos en el Obradoiro

Peregrinos en el Obradoiro

    El secreto de mi peregrinación ha sido descubrir mi condición de peregrina, pero no del Camino, sino de la vida. Los valores que descubrí esos días, la simplicidad, el despojamiento, la liberación o el silencio, son para retener y vivir en medio de la vida corriente, en el trabajo y en casa, con la familia y con los amigos. “El Camino comienza ahora”.

Carmen María.

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