Experiencias del Camino 2015… Inés García

Inés durante una parada durante la etapa.

Inés durante una parada durante la etapa.

    El pasado fin de semana arrancó la organización del próximo Camino de Santiago de la Diócesis de Ciudad Real. Próximamente facilitaremos más información al respecto, para todos aquellos que puedan estar interesados. Para ir abriendo boca, hoy compartimos con vosotros la experiencia de Inés García, que ha realizado un diario de su experiencia peregrina, que difícilmente podrá olvidar.

    Buenos días, buenas tardes o buenas noches hermanos peregrinos.

    Me dispongo a relatar una experiencia única, que el ser humano percibe, y  que es difícil explicar. Yo lo voy a intentar, etapa por etapa.

    Tras tres años de espera para poder realizar el camino que, por circunstancias no pudo ser, me llega la información de que a través de la diócesis de C. Real, un grupo de personas hacían el camino. Guiada por la fe, sin darme cuenta de mis limitaciones, me impulso a realizar esta aventura.

    Ya desde el autocar respiro una ilusión entre los peregrinos que aún yendo yo sola, me ayuda a poder realizar la promesa sin percibir la dureza que me esperaba.

    Llegamos a Ribadeo, donde tenemos el primer contacto con el grupo de peregrinos en esta preciosa ciudad. Salimos por la mañana hacia Gondán, con el corazón lleno de esperanza y el pensamiento puesto en mi familia, pues por ellos lo hacía. Consigo la primera etapa que aparte de ser dura, es gratificante comprobar que hay gente joven dispuesta a ayudar, como el seminarista Gabriel, gran apoyo, siempre riendo.

Inés y otros peregrinos durante una etapa

Inés y otros peregrinos durante una etapa

    La etapa de Mondoñedo para mí, la de los sentidos olfato y vista, esa naturaleza verde que Dios nos ha dado, con olor a hierba y heno fermentado, el silencio de la primera hora de la mañana interrumpida solo para la oración, son placeres para no olvidar.

    Nos dirigimos a Abadín, una etapa digna de admiración por parte de los hermanos peregrinos, por el calor y ánimo hacia mi persona, observo con qué bondad nos tratamos y ayudamos, cómo el Apóstol Santiago intuyo que nos da fuerza cada paso. Así, el hermano peregrino te anima, te sonríe, te da una voz ¡Vamos que tú puedes! ¡Lo conseguí! Las ampollas curadas por mis colegas enfermeras ya no me duelen, las rodillas tampoco. Una buena ducha caliente al llegar a los pabellones, entre crema por aquí, crema por allá nos da fuerza para ir a tomar una cervecita “Estrella Galicia” que nos espera en unión de cualquier peregrino. Acto seguido nos apresuramos a esa magnífica comida que nos están preparando el equipo de intendencia. Y a la voz de cántico, oración y palmada, todos acudimos contentos como buen scout. ¡Uy! Perdón, peregrinos… Aunque sin haber descansado con la siesta, tenemos humor para reírnos de cualquier movimiento gracioso que a algún compañero se le escapa. Y como no, mencionar a nuestro monseñor Don Antonio, siempre dispuesto como buen mañico a auxiliarme con la glucosa y a “no hables, respira”. Son tantas vivencias que no se puede olvidar por muchos años.

    Etapa hacia Villalba. Descubro, a través del guía y los ojos de los compañeros, que Jesús es el verdadero guía de nuestros pasos. Y que Él nos da fuerza ante las dificultades acaecidas, que he visto recompensado por los gestos de afecto de mis hermanos peregrinos.

Peregrinos en su tiempo libre durante la tarde.

Peregrinos en su tiempo libre durante la tarde.

    Hacia Baamonde, mi gran inspiración, Jesús. Mi bastón, mis hijos, los cuales en mi pensamiento, tiraban de la mochila. En esta etapa disfrutamos de un ejercicio de convivencia guiado por el amor y el afecto a mis compañeros de ruta.

    Recordar Friol, es recordar el paso por los cruceiros, el paso de la cruz perpetua, de la piedra eterna. La cruz inamovible de la fe. Es recordar que Jesús nos sigue y nos espera al terminar el camino.

    En la octava etapa, los cuerpos ya se resienten. Añoras a la familia, tienes días de debilidad. Y pienso “lo conseguiré”. Y gracias a los ánimos de nuestros sacerdotes, nos damos cuenta de que no somos perfectos y que la debilidad también tenemos que curarla, como nuestras ampollas, y aliviar nuestros dolores de la vida.

    En el noveno día, la mochila aunque la llevas mas descargada, sigue pesando pero no la noto. Tengo ansias de llegar al “Monte do Gozo”. Y aunque no puedo subir a pie, he conseguido mi gran ilusión, que es abrazar al santo y pedir por toda la humanidad.

    La entrada al Obradoiro cantando ¡aleluya al señor! Será inolvidable. Gracias, hermanos peregrinos, sin vosotros y la presencia del Señor, no hubiese conseguido la Compostela que llevo en el corazón. Siempre a vuestra disposición para ayudar.

    PD: Deciros que tengo mucha añoranza del bocata de media mañana, pero no puede ser, porque el camino sigue y hay que estar en forma para afrontar la vida que el señor nos ha ofrecido.

Un fuerte abrazo.

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