Experiencias del Camino 2013. Rosa María Serrano.

En la ermita de Abadín después de la eucaristía.

En la ermita de Abadín después de la eucaristía.

    Hace algo más de un mes que el grupo de peregrinos de la Diócesis de Ciudad Real emprendió y culminó los casi 200 km últimos del Camino del Norte. Camino en el que 53 peregrinos diocesanos, hemos vuelto a hacer camino, ha hacer un camino en el que cada uno llevaba su mochila repleta de las preocupaciones particulares, y que paso tras paso, kilómetro tras kilómetro, se ha ido vaciando, a la par que eramos cada vez más conscientes de lo verdaderamente importante. Finalmente, esas mochilas han vuelto a casa, listas para emprender el verdadero camino, llenas de recuerdos, amistades, experiencias, valores, vivencias…

    Al igual que el pasado año, os iremos transmitiendo las experiencias de los peregrinos que así lo deseen, y vamos a comenzar con la de Rosa, que llegó al Camino sin saber muy bien el motivo, tan sólo se dejó sorprender por lo que allí le esperaba. Espero que os guste su experiencia.

Rosa, Alfonso y "los Pacos" durante una parada técnica.

Rosa, Alfonso y “los Pacos” durante una parada técnica.

    Éramos Iglesia diocesana peregrina, en Camino, con todos sus colores, sus formas de ser y de estar… una  familia: con nuestro Obispo Don Antonio (presencia del Padre), autoridad y cercanía, y alegría, encarnado entre nosotros, “se hizo uno de tantos”… Obispo y peregrino, despojado servidor del Reino para su Iglesia diocesana. Y el guía, “hermano mayor”, y su esfuerzo por encaminarnos seguros. Y los organizadores, “ángeles custodios” peregrinos entre nosotros siempre atentos a nuestra necesidad. Y bendita “mamá” intendencia… ¿qué hubiéramos hecho sin ellos? siempre todo a punto con una sonrisa: tendedero, fregadero, pinzas, gel, regletas para cargadores, bocadillo y exquisita comida…. Y los sacerdotes, también padres, compañeros, guardianes también de nuestro Camino interno, de Dios reconstructores de “vasos rotos”. Y los luchadores del camino que anduvieron con esguinces, ampollas, rodillas o espaldas doloridas, o salmonela (que al final hubo quien con dolor llegó antes que nadie a Santiago en vehículo de primera).

    Y Las sonrisas del Camino. Los cantos. Los juegos. Los abrazos. Las palabras. Las risas. Las nuevas amistades. Las Eucaristías. Los desahogos del corazón y los oídos que escuchan hondo…

Descansando en el parque de Boimorto.

Descansando en el parque de Boimorto.

    ¿Por qué hacía yo el Camino? Ni lo sabía bien. Quería intentar un Camino nuevo, conocer gente nueva, volver a vivir la experiencia de dejar atrás todo lo que pesa en la mochila y no es necesario y además estorba o impide continuar. Quería abrirme a la novedad de Dios que tantas veces en el Camino de la Vida me sorprende en personas y acontecimientos especiales por sencillos y pequeños. Con la mochila vacía de estorbos y llena sólo de lo imprescindible comencé el Camino con una mirada armoniosa hacia los pensamientos que se quedaban en Ribadeo e ilusionada con lo que venía…

    Llevaba sólo lo esencial…. tanto empeño puse en esto que alguna cosa esencial me faltó y me convertí en necesitada y me tuve que dejar ayudar (y a veces esto también cuesta): el pantalón largo prestado, la colchoneta cedida, el jabón, la mano que te ofrece agua, la gominola siempre a tiempo, la sonrisa, el abrazo… cuántos nombres se me vienen a la cabeza, también los de aquellos con quien compartes conversaciones del corazón en el camino, o risas, o hasta el esfuerzo en el silencio, o abrazos de paz, o siestas o… tantas cosas… tantos encuentros por dentro y por fuera.

Caminando a primera hora de la mañana.v

Caminando a primera hora de la mañana.

    Cuántas veces, ya ahora, se me vienen esas imágenes del compañero que anda a tu lado, a veces en silencio y rezando, a veces charlando, otras sufriendo, o el que va feliz con su mochila… La imagen de la austeridad en el tener y el ser, y del suelo duro y frio, y de lo incómodo de la ducha, que recuerda que no todo el mundo tiene lo necesario y que se puede vivir con tan poco… Austeridad que te purifica el alma y te vacía. Y así, vacío de todo, hasta de ti, no te queda más que abrirte a Dios y al otro, estar dispuesto a…

    Y recuerdo también homilías: que Dios es nuestro único refugio; que sólo vale lo que hacemos para la vida eterna y por tanto tenemos que poner ¡tanto cuidado y cariño en nuestros quehaceres!; o que Dios se ha fiado de nosotros más que nosotros mismos ¿cómo puede faltarnos la confianza si Él se fía?; o que como Iglesia tenemos que acudir al auxilio del que nos necesita.

    Me viene el recuerdo también para los que, como hermanos de una misma Iglesia diocesana, no caminaban con nosotros pero que llegaron con su oración y su cariño a Santiago con todos nosotros. ¡De estos sí iban cargadas las mochilas de todos! ¿Eh? ¿A que sí?  Saberme Iglesia me gusta.

Grupo de peregrinos disfrutando de la tarde libre en Mondoñedo.

Grupo de peregrinos disfrutando de la tarde libre en Mondoñedo.

    Mi experiencia ha sido una experiencia muy bella y sencilla, de caminar con hermanos, unidos por dificultades y alegrías…, juntos llegamos, nadie quedaba atrás nunca (eso me impresionó especialmente), por eso fue tan emotiva esa llegada a Santiago a una entonando el ¡Jubilate Deo! y ese gran abrazo de familia… porque fue un esfuerzo común y armonioso, éramos uno, una sola Voz con muchos matices.

    El Camino te ayuda a entender que, igual que hasta que no llegas al Monte del Gozo no atisbas Santiago…, en la vida caminamos fiados hacia esa Meta que no vemos pero que en Cristo-Camino sabemos que es Real. El Camino es una sencilla experiencia de fe, de Iglesia, de personas tan distintas… Es un salir de tu tierra  y de ti mismo, es encuentro, porque la vida es encuentro con Dios y con el hermano y así crecemos y llegamos. El Sepulcro del Santo es signo del Sepulcro de Cristo, es decir, meta que te impulsa a más Vida. El final es la Vida que nos espera y nos abraza ya en el Camino de la vida. Pues nada, ¡a vivir esa Vida Nueva!

Rosa, a la derecha, junto a dos peregrinos después de recoger las Compostelanas.

Rosa, a la derecha, junto a dos peregrinos después de recoger las Compostelanas.

    Muchas gracias a Dios, y a todos y cada uno de los 53 (y alguno más en la sombra) que habéis hecho posible el Camino, cada Camino personal, el mío también, y que habéis propiciado que en él podamos vivir una experiencia tan hermosa. Gracias a todos y a Dios. Mil gracias.

    Rosa.

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