La experiencia de… Inmaculada Martínez-Santos

Inmaculada, en el centro, en el claustro de los medallones de Sobrado dos Monxes.

Inmaculada, en el centro, en el claustro de los medallones de Sobrado dos Monxes.

    Después de un lapso de tiempo considerable, retomamos las experiencias de nuestros peregrinos diocesanos del año 2012. En este caso, con Inma, que como bien dice ella, llego con la mochila llena de libros (y aunque no lo diga, crema de coco) y se fue con la mochila rebosante de experiencias, sentimientos y gozo. Aquí os dejo sus palabras.

    Se nos ha pedido hacer un breve balance o resumen de lo que ha supuesto para cada uno la experiencia vivida en el Camino de Santiago, en la peregrinación organizada por la Diócesis de Ciudad Real en los días 2 a 12 de agosto de 2012 para poder compartir tales vivencias con todas aquellas personas que sientan interés acerca de la misma. Si bien debería tratarse de algo sencillo de referir, a la hora de intentar esquematizar las ideas, los sentimientos y las emociones principales, uno se da cuenta de la complejidad de la tarea, ya que ha sido tantísimo y tantísimo lo vivido, lo compartido, lo experimentado, lo sentido y lo reflexionado, que se torna en una tarea imposible para trasladar al papel para poder transmitir en toda su pureza cómo han sido los hechos realmente. No obstante, merece la pena hacer el esfuerzo y compartir con quienes sientan curiosidad e interés para realizar esta experiencia en próximos años los momentos vividos a lo largo de esta primera promoción de peregrinos diocesanos.

Todos los peregrinos tras la celebración en Abadín.

Todos los peregrinos tras la celebración en Abadín.

    En mi caso, inicié esta peregrinación motivada, por un lado, por razones espirituales y necesidades penitenciales, pero no voy a negar que también había algo de atracción por el reto deportivo y por la moda del trekking, tan en boga en estos tiempos, de modo que, si bien había en mí un espíritu de verdadera peregrina, no estaba ocupado por éste al cien por cien. Sí tenía claro que quería ir en un grupo organizado, más o menos grande, y a poder ser vinculado con el ámbito religioso de la iglesia católica, del que tampoco esperaba mucho, pues dada mi experiencia en otros grupos y entornos de este tipo, ya se sabe que suele ocurrir como en la política, es decir, exceso de palabras, exceso de buenas intenciones y exceso de teorías, pero poco ejemplo y escasa práctica, que es lo que de verdad importa, llega y buscamos las personas realmente. Con esta actitud, además de lo necesario, de algo más de lo necesario –el típico ‘por si acaso’- y de mis cargas morales y espirituales, cargué en mi mochila algún libro y algunos apuntes para estudiar por si, como me había ocurrido otras veces en tales entornos, resultaba que a pesar de estar rodeada de gente, al final me encontrase sola e incomunicada porque nadie se abría ni empatizaba con los demás y me viese en la necesidad de recurrir al autoentretenimiento. Como se puede observar, una actitud que más que calificable como realista, podría acercarse a la negatividad o el pesimismo, pero en mi opinión, había que estar preparada y mentalizada para lo peor.

Inmaculada, junto con algunos peregrinos, a la llegada al Obradoiro.

Inmaculada, junto con algunos peregrinos, a la llegada al Obradoiro.

    Por la extensión del resumen o breve balance testimonial que se nos pide, no puedo extenderme en detalles de todo lo sentido, vivido, experimentado y disfrutado, por lo que he de limitarme a enunciarlo de un modo general con el que me gustaría ser capaz de poder transmitir, aunque sea de un modo sencillo y sucinto, el tremendo enriquecimiento y la bondadosa sorpresa con los que Dios me ha regalado en esta experiencia. Acostumbrada a vivir en ambientes multitudinarios, pero fríos, hostiles y distantes, me he encontrado con un grupo de 67 personas, de edades y perfiles muy, muy dispares, que ha sido capaz, gracias a la puesta de tan sólo una pequeña parte de buena voluntad, de formar una verdadera familia. No quiere decir esto que no hayan existido malos entendidos, pequeños desencuentros o, digamos, no completos entendimientos entre unos y otros, pues como grupo formado por seres humanos eso no sería realista ni resultaría concebible. La magia ha estado en descubrir que, tan sólo con un nimio esfuerzo por parte de cada uno por comprendernos, por estar a gusto, por ayudarnos y por convivir en armonía, se ha logrado el milagro del pan y los peces; es decir, que con apenas nada de esfuerzo, es asombroso lo muchísimo que se ha producido. Esta actitud y disposición a nivel grupal, extendida en todos y cada uno de los ámbitos de la convivencia –etapas del camino, momentos de la comida, de las duchas y aseo, de la lavandería, del ocio, del sueño, etc.- ha hecho posible que, según lo he vivido e interpretado yo personalmente, viviésemos la Gloria y el Cielo aquí en la tierra, y todo ello en medio de unas condiciones de medios mínimas, por lo que te das cuenta de lo que es realmente importante en la vida: fuera obsesión por el aspecto, fuera excesos de ropa, fuera todo aquello que no vaya más allá de lo esencial, porque con ello, con la paz interior y la paz y cariño por los demás… se es plenamente feliz, así, sin más, de verdad. Sobra decir que tuve que deshacerme del peso de mis libros y apuntes desde el segundo día, por peso superfluo e innecesario que además me impedía realizar con éxito las caminatas de cada día.

    A nivel personal son muchas las anécdotas, los detalles, los gozos, las reflexiones, las sonrisas, las conversaciones, las amistades, etc. que han penetrado en mi adusto corazón y que, conforme pasan los días y voy recordando, me lo van agrandando y humanizando, gozo que me ha conmovido comprobar que ocurría en aparentes duros corazones de hombres rudos y fuertes, hechos y derechos, que se enternecían igualmente ante los gestos solidarios de sus compañeros cuando el camino o la falta de descanso les hacía flaquear. Lejos de hacerles más pequeños, creo que ellos mismos se han dado cuenta de lo grandes que les hace el reconocimiento de la necesidad del cariño y el apoyo emocional ante la momentánea debilidad de la que nadie escapamos.

Después de la ducha y la colada, a comer unos ricos macarrones con chorizo!

Después de la ducha y la colada, a comer unos ricos macarrones con chorizo!

    Como reflexión final sobre el por qué se ha vivido esto así en este grupo y no lo he vivido igual en otros -también de carácter religioso-, por más vueltas que doy no llego sino a un único punto o conclusión explicativos: el mérito, el arte para cocinar este guiso con los diversos y variados ingredientes que había ha radicado en el saber hacer –y digo bien, ‘saber hacer’, sin discursos, sin teorías, sin mandatos, etc.- de los maestros cocineros que nos han acompañado, limitándose a ser ‘unos más’ del grupo y a dar ejemplo de aquello que predican, sin necesidad de predicaciones, sermones ni discursos, que eso ya sobra y estamos hastiados.

    Este es mi balance absolutamente sincero. Lamentaría que se interpretase como un texto propagandístico del Camino, de la Diócesis o vaya a saber cada cual, pues no quedaría nada más lejos de mi intención. Como refería al comienzo, mi actitud inicial era más bien proclive a la futura crítica de lo que pudiese ocurrir en esta experiencia, pero en este caso, he de ser justa y honesta y relatar las cosas tal y como mi juicio y mis sentidos las han experimentado.

    Inamculada.

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Categorías: Camino del Norte, DCR, El Camino, Experiencias del peregrino, Peregrinos 2012 | Etiquetas: , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

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Un pensamiento en “La experiencia de… Inmaculada Martínez-Santos

  1. Rosa María

    Cada vez que leo estas letras donde se describe lo que cada uno hemos vivido en esta peregrinación es inevitable sentir en mi interior emoción y me traslada a aquellos parajes por donde uno pasa inadvertido y en ese momento es un poco andar por andar hasta llegar a un final pero ya en la vuelta uno empieza a sopesar cosas vividas y a dar respuesta a aquellos momentos.

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