La experiencia de… Ana Isabel Bellón

El comienzo del camino de Ana, en la Praia das Catedrais.v

El comienzo del camino de Ana, en la Praia das Catedrais.

    Como ya indicamos hace algunos días en el post Camino de Santiago 2012 vamos a publicar en este blog la experiencia de algunos peregrinos de este año 2012 que han deseado compartir con nosotros. A través de este post y sucesivos, vamos a poder sentir parte de esa vivencia tan especial que nos transmitirán las palabras escritas por cada uno de ellos.

    Esta primera experiencia que vamos a compartir es de una joven peregrina de Villahermosa, Ana Isabel, nuestra Anita. Espero que disfrutéis con la lectura y sintáis la emoción y fuerza de sus palabras.

    No sé bien porqué pero aquí estoy: en camino

    ¿Cómo empezar a hablar si tengo una mochilita de color naranja no muy lejos de mí y si la miro de reojo se me ponen “los pelos de pollo”? Supongo que todo empieza a estar ya digerido, quedan las huellas muy marcadas, y me apoyaré en ellas para intentar explicar con palabras lo que este corazón, ahora dando saltitos, ha sentido.

Con permiso, me voy a ir directamente al final, a mi última sensación, porque es la que me está empujando ahora. Cuando nos íbamos, dejando Santiago atrás… ¡que lagrimones Dios mío! ¡Que sed de más! Ahora lo entiendo: No es que quisiera seguir andando, es que andando sigo.

    Es la primera vez, yo no sé si bien o mal preparada, pero desbordada de ganas e ilusión. Yo no me veía capaz de andar 20 km un día y al día siguiente de nuevo, y al siguiente, y al siguiente… todavía no me lo creo. Si no fuese porque, precisamente por eso, tengo ahora esta alegría.

    Para mí que todo empieza con una llamada, un toque de atención, una inquietud y una necesidad de respuesta. Quieres vivir, vivir y brillar con luz propia, para ti y para otros. Ser testigo. Seguir el camino correcto que por causa de tantas exigencias diarias nos limitan a las grandezas que puede uno sentir, ver, oler y asumir.

    El tiempo en el Camino es tan corto para pasos tan largos, pero en mi caso, y creo que por eso no podía evitar llorar de emoción, fue como vivir en 12 días 22 años respirando. De nada me sirvió ningún propósito de los que tenía hacía meses en mente, me dejé llevar, y es que ello está en mi naturaleza y no lo reconocía.

Alguien me dijo el último día: ‘’En Dios están todas las respuestas.’’ Y la primera respuesta es: camino. El camino del amor, igual que cuando empiezas cada etapa no hay marcha atrás, es el camino que pasa a través de ti, donde estamos todos y donde somos solo uno.

    El día a día

    Vivir un sueño y regresar. Esta es la sensación mientras echo de menos…

  • Despertar con los peores pelos de tu vida.
  • Meter el saco por las mañanas fue dejando de ser misión imposible.
  • Frío por las noches, el mismo del agua de la ducha del día siguiente.
  • Empatizar con tus ampollas y compararlas con otras, a cual más chula y original! Tienes suerte frente a otros, tú si llevas un perfume embriagador: el Betadine o el bendito gel con ‘’efecto frio’’.
  • Nuestro súper guía ‘’acojona’’ un poco al personal por la noche hablando de la etapa, pero al día siguiente te recibirá con una sonrisa en cada kilometro para reponer fuerzas y decirte que vas bien, aunque dudas en si es o no cierto del todo.

    Llegando a una de las cimas, en la salida de Mondoñedo.

    Llegando a una de las cimas, en la salida de Mondoñedo.

  • Dormir en colchoneta es la mayor de tus suertes. Ahora aprecias lo que tienes.
  • Llegar a lo más alto de la cuesta más alta del camino y contemplar lo bonito que es todo, si la niebla te deja y si recuperas el aliento.
  • Sentirte débil.
  • Sentarte con tus compañeros a por el bocata de la mañana, ese ‘’redesayuno’’ que lleva el ingrediente más importante de todos, y estar en la gloría.
  • Aprender con cada paso.
  • Llorar. Llorar tanto de alegría como de tristeza.
  • Sentirte fuerte porque has recorrido lo mismo que gente con el triple de experiencia que tú (frente a esto: flipas). No poder más e intentar tirar de los demás. Conseguir una sonrisa aunque sepas que no es fácil. Sonrisas. Mil y una sonrisas, caricias y abrazos unidas que han formado una de las mejores experiencias de mi vida.
  • Aprender a querer, a conocer. Todos tenemos una historia que contar.
  • Parece que el bastón es lo único que te sujeta a la enorme cuesta (yo las veía como rascacielos) que ves al fondo. Pero no, ahí están ellos y ellas, todos y cada uno, y consiguen que todo sea infinitamente más fácil!
  • Sentir. Escuchar junto a ella la canción que te da fuerzas. Porque toda canción te recordará al camino, quieras o no.
  • Adrenalina. Creías saber donde estaba tu límite y piensas que en esos instantes estás derrotado, pero eso es lo de menos, tu corazón es más fuerte que cualquier tobillo inflado, ampolla parlante o nariz como cascanueces.
  • Agradecer. Finales de etapa, donde repones fuerzas gracias a ellos/as, dedicados en cuerpo y alma a cuidarnos y levantarnos en todos los sentidos.

    El pabellón de Arca, último hospedaje antes de llegar a Santiago.

    El pabellón de Arca, último hospedaje antes de llegar a Santiago.

  • Toca disfrutar. El sonido de la guitarra. Vuestras voces y risas. Compartir con un micro y docenas de miradas. Los juegos sencillos que arrancan carcajadas imparables.
  • Que pocas cosas necesitas realmente para ser feliz. Las cosas verdaderamente importantes no son cosas. Aquello de Juan Pablo II de que la felicidad está en “ser” y no en “tener”… El Camino iguala a todos.
  • Descubrir en personas que en un primer momento no me atraían, unas bellísimas almas. Aprender a no juzgar por las apariencias. El respeto.
  • Recibir una noche de charla con alguien fuerte, del que aprenderás que tus problemas son ínfimos. Reconocer tus errores en aquellos momentos del pasado y darte cuenta de que los sentimientos merecen la pena.
  • Comprender que hay que dejarse guiar por las señales. Eso es, señales. Son lo más importante del Camino. Eso te ayuda a olvidar tus miedos.
  • Hasta la soledad allí es buena y se agradece tenerla, para echar de menos a mamá o al hermano o al que ya se ha ido para siempre. Ese que sabes que desde arriba está orgulloso de ti, que te cuida y que gracias a él has conseguido superarte.
  • Y el momento culmen de la jornada, con nuestros imprescindibles pilares espirituales, no podría imaginarlos ahora mejor, ni tampoco sus palabras y misas. Su labor, que al igual que el camino, marca un antes y un después. Disfrutar plenamente en comunión y empaparse de verdad con todos y cada uno de los ‘’Podéis ir en Paz’’.

    Celebración de la Eucaristia en la iglesia románica de Baamonde.

    Celebración de la Eucaristia en la iglesia románica de Baamonde.

  • Cuanta emoción ‘’a flor de piel’’. Necesidad de saborear todo lentamente.
  • El Camino es vida. Reflejos de ella por todos lados. Fijar tus metas y no retroceder en ningún momento. Esa sensación de que has madurado gracias a todos los que han tirado de ti y se han dejado conocer.
  • Solo llevas una pequeña mochila, rodeados de naturaleza viva, pureza casi intacta, con compañeros/as tan distintos y tan iguales a ti, y de repente, sin más: te encuentras hablando con Dios. Y vas confrontando con ÉL tantas cosas…
  • Y sobre todo, me quedo con ‘’la fragua de la amistad’’, si tuviese que ponerle un titulo al lenguaje que allí se habla sería ese, amistad. En común la misma fe, y eso es compartirlo todo. Para mí al menos es estar en plena confidencia, lo más profundo de ti mismo y es maravilloso hacerlo con alguien a quien acabas de conocer.

Y es verdad:     El camino empieza con un paso

    Esta es la frase que se ha quedado grabada en mí y que resuena una y otra vez, “El camino empieza con un paso”. Se siente la alegría, la tristeza, la admiración, la nobleza, la pureza, la soledad, la humillación, la duda, la inmensidad, el amor, la cobardía, la flaqueza, la fortaleza… Somos apenas trocitos de mundo, insignificantes. Pero hay algo que ES VERDAD: con mucho poder. Basta con mirarnos, saber que merece la pena, que hay fe, esperanza y 1000 puertas entreabiertas esperando una respuesta.

    He encontrado otra manera más de celebrar la vida y de agradecérsela a Dios, y por eso sé que volveré.

    A vosotros, 60 mochilas inmensas!: ¡Buen camino!

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